Capítulo 52. Ecos de pasillo
La oficina amaneció con ese aire de lunes disfrazado de martes, en el que todos fingían energía mientras corrían detrás de los pendientes que se habían acumulado desde la semana anterior.
El murmullo de teclados, llamadas y pasos se mezclaba con el aroma del café y el sonido metálico de la impresora.
El día prometía ser largo, pero, curiosamente, Ginevra parecía inmunizada contra el caos.
Desde mi escritorio podía escucharla reír más de una vez, esa risa suya breve, contenida, pero tan genuina