Capítulo 22. El silencio después del incendio
No encendí la luz cuando entré. No tenía sentido. La oscuridad era más honesta que cualquier bombilla intentando iluminar la miseria que me había traído a casa.
Cerré la puerta y me apoyé contra ella, dejando caer la cabeza hacia atrás. Mi respiración todavía estaba acelerada, aunque ya no quedaba rastro de placer en ella. Solo nervios. Solo confusión. Solo una sensación amarga en el centro del pecho.
Qué desastre monumental.
Paso por paso, había logrado arruinar cada cosa buena de esa noche. P