Capítulo 19. La mandona
Comenzamos con los platos, colocándolos en el lavavajillas mientras el aroma del café recién hecho y la pasta aún impregnaba la cocina. Ginevra se movía con una precisión medida, cada gesto calculado, cada movimiento limpio y sin esfuerzo aparente. Yo me sentía torpe a su lado, tratando de no estorbar mientras ella dejaba que yo le pasara los platos, los cubiertos, los vasos.
—No pongas tanto cuidado —dijo, sin mirarme—. Solo colócalos en el lavavajillas, no es cirugía.
Asentí, con una sonrisa