Ese día no volví a verla, se fue todo el día y no volvió.
El miércoles amaneció nublado, era una de esas mañanas grises en las que la ciudad parece avanzar en cámara lenta.
El ruido de los autos, el murmullo de la gente, el cielo plomizo sobre los edificios: todo sonaba más apagado, más lejano.
Exactamente como me sentía yo. No dormí casi nada.
Pasé la noche dando vueltas, repasando la conversación en su oficina una y otra vez, intentando encontrar una forma distinta de haberla manejado.
Pero n