Capítulo 106. Lo que queda cuando todo se aquieta
POV GINEVRA
Salimos del restaurante despacio, como si ninguna de las dos tuviera apuro por volver a la realidad. El aire de la noche estaba frío, limpio, y me despejó un poco la cabeza. Caminé un par de pasos detrás de Valentina, observando su silueta segura, ese modo suyo de avanzar como si el mundo siempre tuviera que acomodarse a su ritmo.
—¿Te llevo a casa o vienes conmigo? —preguntó sin mirarme, ya con las llaves en la mano.
Pensé en mi departamento vacío, en el silencio que me esperaba ahí, demasiado parecido al de la oficina cuando apagué las luces.
—Contigo —respondí—. Si no es molestia.
Valentina sonrió, satisfecha, como si la respuesta fuera exactamente la que esperaba.
—Nunca lo es.
Durante el trayecto no hablamos mucho. La radio sonaba bajita, una canción vieja que no identifiqué, y por primera vez en días no sentí la urgencia de llenar los huecos con palabras. Me dejé llevar. Miré las luces pasar, el reflejo del tablero en el parabrisas, mis manos quietas sobre el abrigo.