Clara camina por las calles con el ceño fruncido y el corazón apretado. El cielo está cubierto por una capa de nubes grises que parecen reflejar la bruma que ha empezado a nublar su mente desde hace días.
Todo se siente ligeramente fuera de lugar, como una melodía desafinada que no logra encajar del todo.
Al pasar frente a un escaparate, sus pasos se detienen de golpe. En la pantalla de la tienda de tecnología, una recopilación de momentos de la gala benéfica se reproduce en bucle. Y allí está