48. Tu deber es con la familia.
Cuando salieron de la casa, la batalla que se acababa de librar en el exterior parecía terminada.Un rugido de furia escapó de los labios de Amir al contemplar el escenario: varios hombres yacían en el suelo, víctimas del enfrentamiento. Irina se aferraba a él como si su vida dependiera de ello, y Amir no podía más que mantenerla así, con una mano alrededor de su cintura, contra su cuerpo, sin ser capaz de soltarla.
—Ya estás a salvo, mi amor— susurró en su oído—. Te he rescatado y nadie volverá