124. No te atrevas a hablar de felicidad.
Amir e Irina, con el corazón palpitando a mil por hora, atravesaron el umbral de la casa de seguridad en Estambul. La incertidumbre y el miedo que los habían acompañado durante las últimas horas se disiparon al instante al ver a sus seres queridos reunidos en la sala.
—¡Said! —exclamó Amir, lanzándose hacia su hermano en un abrazo que expresaba toda la preocupación y el amor que había acumulado durante su separación. Said, con el rostro surcado por las emociones, correspondió al abrazo con la m