49. Te has convertido en un hombre, Amir.
En ese instante, Irina abrió los ojos, parpadeando varias veces para adaptarse a la luz. Su mirada se encontró con la de Amir, y una sonrisa débil se dibujó en sus labios.
—Amir…—murmuró, con la voz ronca por el sueño.
—Estoy aquí, mi amor— respondió Amir, con un suspiro de alivio. No te vayas de mi lado nunca más.
Irina se aferró a su mano con una fuerza inesperada.
—No lo haré—prometió. —Nunca te dejaré solo, no vuelvas a marcharte.
El médico, conmovido por la escena, se acercó a ellos con un