121. Regresemos al avión.
Said reparó de inmediato en la ausencia del chófer cuando las puertas del avión se abrieron. Era inusual, pues su padre siempre enviaba a alguien de la empresa a buscarlo en sus viajes.
—¿Has visto que no hay nadie esperándonos? —le preguntó a Nadia con el ceño fruncido.
Nadia, igual de sorprendida, asintió y observó su alrededor con recelo.
—Sí, es extraño. Tu padre nunca olvida estos detalles —respondió—. Además, este no es el aeropuerto de Estambul.
Said examinó con atención el lugar que los