CAPÍTULO 133
Punto de quiebre
El aire en la casa se sentía sofocante, cargado de palabras no dichas y la sombra de la llamada telefónica que aún me quemaba la mente. No podía respirar. Cada mirada al rostro de Grayson —la forma en que intentaba tranquilizarme, la forma en que sus ojos oscilaban entre la preocupación y el secretismo— era como un peso más en mi pecho.
No podía quedarme. Ni un segundo más. No en esta habitación donde la verdad me rondaba como un espectro que no podía afrontar, y d