CAPÍTULO 132
El peso del silencio
La casa se sentía demasiado pequeña para el peso que me oprimía el pecho.
Me senté en el suelo, con la espalda apoyada en el sofá, con las lágrimas aún secándose en las mejillas mientras Grayson rondaba a mi lado, sin aliento, sin excusas, sin valor. Mi teléfono permanecía en la palma de mi mano, con la pantalla aún encendida, como si el propio dispositivo supiera la verdad que pendía entre nosotros.
Me miraba fijamente. No, miraba el teléfono, como si la voz q