CAPÍTULO 236
La furia de una madre
El pasillo estaba demasiado silencioso…
Demasiado quieto…
Demasiado antinatural.
Linda estaba de pie frente a la puerta, con los dedos temblorosos sobre el pomo. Las tenues luces del techo parpadeaban levemente, proyectando sombras que danzaban en las paredes como advertencias silenciosas. En su mano, la pequeña manta de bebé que había encontrado yacía arrugada por su fuerte agarre. La sostenía como si fuera la prueba de un crimen, la prueba de que alguien le