CAPÍTULO 108
Entre alcanzar y alejar
Apenas recordaba cómo dejamos atrás ese lugar vacío y destrozado.
Lo único que recordaba era la sensación de los brazos de Grayson rodeándome mientras me llevaba en brazos durante la noche: silencioso, tembloroso y empapado en lágrimas que no dejaban de resbalar por mi piel. Su corazón latía con fuerza contra mí todo el tiempo, con un ritmo inestable, como si estuviera luchando contra oleadas de pánico y tristeza a cada paso.
Cuando llegamos a su coche, no dijo ni una palabra.
No tuvo que hacerlo.
Le temblaban las manos al abrir la puerta. Su respiración se entrecortaba al sentarme suavemente en el asiento, como si fuera un cristal frágil que pudiera romperse con el más mínimo roce. Cerró la puerta con suavidad, casi con ternura, como si temiera despertar algo que no debía ser tocado.
Luego rodeó el coche, sin dejar de llorar.
Sin ruido.
Sin dramatismo.
Simplemente… desgarradoramente.
Lágrimas silenciosas.
Incontrolables.
Constantes.
Cuando se sen