CAPÍTULO 140
El Demonio Durmiente Despierta
Linda abrió lentamente los ojos, aún envuelta en la neblina del sueño. La habitación estaba en penumbra; las luces de la ciudad se filtraban a través de las cortinas del hotel, proyectando largas líneas de sombras en el suelo. Sentía la cabeza pesada, el cuerpo perezoso, pero había algo más que el simple aturdimiento del descanso: era la comprensión, el pánico creciente, de que Grayson ya no estaba en la habitación.
Se incorporó, sus tatuajes reflejando el tenue resplandor de la ventana, y miró a su alrededor. La cama estaba revuelta, las sábanas retorcidas en un caos. Por un momento, se preguntó si lo había imaginado todo, si lo ocurrido esa noche había sido un sueño retorcido. Pero la evidencia era clara: estaba sola.
"¿Grayson?" Su voz era suave, casi vacilante, temblando ligeramente al resonar en las paredes.
No hubo respuesta.
Su corazón se aceleró, sintiendo un nudo en el estómago. Buscó su teléfono en la mesita de noche, jugueteando