CAPÍTULO 141
Resolución Maternal
Me senté en el borde de la cama, apretando instintivamente mi vientre con las manos, mientras la pequeña y frágil vida dentro de mí vibraba al ritmo de mi propio corazón. Las palabras de la llamada anónima, aún resonando en mis oídos, me quemaban como ácido en el pecho: «No traigas a un bastardo a la familia».
Sentía que se me aceleraba el pulso, el calor inundaba mis venas, la adrenalina agudizaba mis sentidos. El miedo intentó desgarrarme, pero antes de que pu