CAPÍTULO 100
El impulso de afrontarlo
Grayson se sentó solo en la tenue luz de su coche, con el motor haciendo un suave tictac mientras se enfriaba, pero su mente estaba de todo menos tranquila. La noche había dejado su huella: su cuerpo exhausto, su cabeza palpitante, su pecho oprimido por el peso de los errores, la culpa y la incertidumbre. Miraba el tablero, pero los números y las luces no significaban nada. Su atención estaba en el torbellino de caos que había permitido que ocurriera.
Las palabras de Linda resonaban en su mente, seductoras y venenosas: «No deberías aceptarlo... este embarazo... es mejor que no lo tenga». Ella había intentado distorsionar sus pensamientos, confundirlo, hacerle dudar de todo lo que sabía sobre sí mismo, sobre Vivian, sobre el niño. Pero la verdad lo agarraba, aguda e insistente: sabía que alejar a Vivian, creyendo en la manipulación de Linda, no resolvería nada. Solo destruiría más de lo que ya había destruido.
Grayson se presionó las sienes con los