Ya está aquí.
Emma miró por enésima vez el celular que descansaba sobre el escritorio, como si de tanto observarlo pudiera obligarlo a encenderse de una vez con la llamada que llevaba días esperando.
La llamada del abogado Ruiz.
No lograba concentrarse en los documentos que tenía pendientes por revisar y firmar.
La ansiedad se le había metido debajo de la piel y le recorría el cuerpo con una insistencia agotadora.