Tú eres el padre.
Emma sintió a Emmanuel apretarse contra ella en cuanto la voz de Damián cortó el aire.
El niño le rodeó el cuello con los brazos, escondiendo la cara en su pecho como si su cuerpo hubiese decidido antes que su mente.
Emma le acarició la espalda con una mano lenta, sosteniéndolo como se sostiene lo único que importa.
Damián permanecía frente a ellos con una quietud extraña. Ya no tenía el lenguaje de los negocios e