Señor malo.
Emma seguía en el sofá individual, con Emmanuel en sus piernas, mientras Celeste Bouchard permanecía de pie frente al escritorio con la espalda demasiado recta y las manos apretadas sobre el bolso, como si pudiera sostener su versión de los hechos a fuerza de uñas.
—Has infringido acuerdos de confidencialidad —enumeró Peter, las faltas que había cometido—. Has expuesto a esta empresa a un escándalo que no necesitábamos. Y has tomado decisiones personales con informació