Sin ti estoy mejor.
Un escalofrío le recorrió la espalda al escucharlo. Tal vez por las palabras, tal vez por lo cerca que estaban, tal vez porque le irritaba que él siguiera hablando de ellos como si todavía hubiera algo a lo que regresar.
Fuera cual fuera la razón, Emma la escondió detrás de un ceño fruncido.
—Damián, basta, pasa la página, ¿quieres mi perdón? Vale, te perdono, pero para de hablar de mí o de nosotros cada vez que tienes oportunidad, lo único