No confío en nadie.
Damián abrió la puerta de la oficina, la hizo entrar y cerró detrás de ambos.
Emma no esperó a que la soltara. En cuanto estuvo dentro, levantó la punta del tacón y le estampó una pisada directa en el pie.
Damián soltó una queja de dolor y dio un respingo.
—Te has vuelto loco, ¿cómo te atreves a arrastrarme contigo de esa manera?
La rabia le salió afilada, y no hizo el más mínimo esfuerzo