Sigues siendo una donnadie.
Emma terminó de saludar e intercambiar un par de frases con los representantes de las marcas que más ruido estaban haciendo esa noche.
Algunos eran genuinamente amables y otros sonreían con la misma calidez que una tarjeta de crédito, pero ninguno logró borrarle la sonrisa.
Ya había aprendido a mantenerla incluso cuando por dentro contaba hasta diez.
Además, sus tobillos comenzaban a pasarle factura. Ese vestido er