Señora Blackwood, ha vuelto a casa.
Emma no podía dejar de pensar en la conversación con Lydia.
La confesión seguía dándole vueltas en la cabeza como un eco imposible de apagar, mezclándolo todo, removiéndolo todo, obligándola a mirar el pasado desde un lugar que no quería.
No sabía ni cómo sentirse.
Alivio, rabia, cansancio, incredulidad. Todo estaba ahí, revuelto, empujándose dentro de su pecho, hasta el punto de que ni siquiera se dio cuenta de cuán