Sienna supo que algo andaba mal con solo ver la expresión de Emma cuando volvió al salón con el rostro más pálido de lo normal, la mirada tensa y esa rigidez en los hombros que no aparecía por una simple discusión con un par de víboras vestidas de diseñador.
Había intentado conservar la compostura, por supuesto. Emma Hartley podía estar al borde de un colapso y aun así saludar a un inversionista con la elegancia de una reina en desfile.
Pero