Sienna se detuvo inexpresiva con la mano extendida y la paciencia en ese punto exacto donde podía romperse con una sola palabra mal puesta.
Esperaba que Mateo le diera las llaves del auto.
Pero Mateo no se movía.
Seguía frente a ella, demasiado cerca, con el cabello apenas desordenado y esa mirada verde, intensa, endemoniadamente atractiva, clavada en su rostro como si acabara de descubrir algo en ella que no sabía có