No les voy a perdonar esta traición.
Mateo le mostró la pantalla del celular al abogado Ruiz, y el cambio en su cara fue tan brusco que por un segundo toda la sala quedó suspendida en ese único gesto.
Los ojos se le abrieron de par en par, clavados en la imagen donde su esposa aparecía besando a Caleb Miller con una claridad que no dejaba espacio para excusas decentes, ni para la mentira elegante, ni para la esperanza cobarde de estar viendo otra cosa.
—Gracias por arruinarlo