Estás acabado, Caleb.

Emma se detuvo, porque aquella forma de llamarla fue tan inesperada que, por puro instinto, se quedó quieta antes de decidir si seguir caminando o darse la vuelta.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎

Lo pensó dos veces, respiró hondo, se obligó a recuperar una expresión neutra y giró apenas el rostro para mirarla desde su lugar.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎

No tenía la menor idea de lo que aquella mujer iba a decirle, pero ya estaba preparándose mentalmente para defenderse de cualquier cosa que estuviera a
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