El karma se está frotando las manos.
Emma se quedó viendo la pantalla del celular con la mandíbula apretada.
Durante un segundo, la rabia la empujó a escribir una respuesta larga, hiriente y bien merecida… pero antes de enviarla, la imagen mental de seguir dándole espacio a Lydia le revolvió el estómago.
No.
No iba a desgastarse contestándole a alguien que había hecho de la crueldad un hobby.
Bloqueados.
Silencio. Bendito silencio.
Dejó el teléfono a un lado y respiró hondo, intentando no permitir que otra lágrima se le escapara.
Estaba agotada. Emocionalmente drenada.
El embarazo la tenía sensible y todo parecía amplificarse dentro de ella: dolor, decepción, incluso esa vergüenza tonta de haber confiado tanto en la persona equivocada.
Se recostó unos segundos y cerró los ojos.
Pero la mente, traicionera como siempre, la llevó directo al pasado.
Aquel día en el que todavía era una adolescente que creía que la vida siempre iba a jugar a su favor.
Aquel día en que conoció a Damián Blackwood.
Había estado en New York con Sie