Colaboración con mi exesposo.
De todos los hombres que Emma pudo haberse imaginado en ese despacho, el último nombre que se le cruzó por la mente fue el de Damián Blackwood.
Y, aun así, ahí estaba.
Sentado como si el lugar le perteneciera, con esa calma dura que siempre la desesperó, como si el mundo tuviera que acomodarse a su presencia.
Emma sintió que el aire se le espesaba apenas lo vio, pero lo que de verdad le heló la sangre fue Emmanuel, pegado a su pie