Rowan no era ajeno a la fecha. Sabía perfectamente que se acercaba el cumpleaños de Nadia, y aunque ella no parecía esperar nada de nadie, él no estaba dispuesto a dejar pasar el día como si fuera uno cualquiera.
Desde hacía semanas, venía planeando un gesto que estuviera a la altura de lo que ella significaba para él. No deseaba solo entregarle un presente material, sino hacerle vivir una experiencia especial, que le demostrara cuánto la valoraba y que le quedara grabada en la memoria como un