Las palabras de Elian resonaban en la mente de Indira como campanadas crueles, rebotando una y otra vez hasta que, sin poder evitarlo, apretó los puños con tanta fuerza que sus uñas se clavaron en la palma de sus manos.
—Eres un maldito idiota —soltó ella.
Killian giró de inmediato hacia su hermana, sorprendido.
—Eres un completo imbécil, Elian —continuó Indira, alzando más la voz, ignorando por completo a las personas que comenzaban a voltear la cabeza hacia ellos—. ¿Cómo te atreves a humilla