La anciana asintió despacio, con el mismo gesto paciente y dulce de siempre.
—Sí, mi niña. Les extraño mucho. Por favor, diles que vengan a verme. Siento que hace tanto que no los veo...
Nadia sintió cómo algo se quebraba dentro de ella. Sus labios se movieron escasamente, pero logró mantener la compostura. Las lágrimas se le agolparon en los ojos de forma inevitable, y su corazón comenzó a latir con pena, impotencia y temor. Los padres de Nadia habían muerto hacía ya varios años. Su abuela lo