Días después, Nadia se hallaba haciendo las tareas del hogar y le tocaba limpiar la habitación de Indira. Mientras lo hacía, no podía evitar preguntarse por qué su prima seguía viviendo allí, si se había casado hacía poco. ¿No debería estar con su esposo? ¿O acaso él también se mudaría a esa casa? La sola idea le revolvía el estómago.
Cuando terminó, bajó por las escaleras rumbo a la sala de estar. Al llegar, un sonido la detuvo en seco.
Era un sollozo. Indira estaba llorando.
Nadia se quedó par