Rowan se alejó unos pasos del bullicio de la galería, buscando un rincón donde la música suave y las conversaciones de los invitados quedaran como un murmullo distante. Sacó el teléfono mientras que por dentro sentía la adrenalina correr por sus venas, marcó el número de Luciano y esperó dos tonos antes de escuchar su voz al otro lado.
—¿Rowan? —respondió Luciano, alerta como siempre.
Rowan respiró hondo, mirando de reojo hacia la sala donde Nadia —ahora Alessia Moretti— atendía a sus invitados