C128: Quiero pedirte perdón.
Nadia estaba paralizada y sus pupilas se dilataban al reconocer aquel rostro que pensó que no volvería a ver. Por un instante, su mente intentó convencerla de que aquello era una ilusión, un engaño de su propio miedo, un mal sueño nacido del cansancio y el estrés de la exposición. Pero no… era él.
Rowan Kohler estaba allí, sentado frente a ella, con esa presencia arrolladora que llenaba por completo el espacio reducido de la parte trasera del vehículo. Su porte era tan imponente como siempre, y