Nadia miró a Elian, quien conservaba una sonrisa serena en el rostro, con la expresión satisfecha de alguien que había conseguido exactamente lo que quería. Sus ojos, tranquilos, recorrían la iglesia como si el momento le perteneciera.
En contraste, Nadia también sonreía, pero su expresión era otra. Sus labios apenas se curvaban, formando una sonrisa pequeña, tan tensa que parecía dibujada a la fuerza. Su rostro se mantenía quieto, pero su mirada era todo menos sumisa. Cargada de ira, lo fulmin