C109: Te dije que tienes que sonreír.
Jared prácticamente arrastró a Nadia hasta el auto. La sostuvo con fuerza por el brazo, sin detenerse a mirar su rostro, sin reparar en el temblor que recorría su cuerpo ni en la forma descompuesta en que apenas lograba mantenerse en pie. Caminaba como una muñeca rota, llevada por una voluntad ajena, con los ojos vidriosos y la respiración entrecortada, tratando de reprimir las lágrimas que amenazaban con brotar sin permiso. Cada paso era una humillación, cada segundo una renuncia más profunda