C106: Vete y vive tu vida.
—¡Basta, tío! ¡No digas eso! —exclamó Nadia de pronto, elevando la voz por encima del caos que reinaba en la habitación, con su rostro bañado en lágrimas y la mirada crispada de impotencia. Su cuerpo temblaba, no solo de miedo o angustia, sino de rabia, de un dolor que ya no podía seguir callando.
La abuela, que hasta entonces estaba sumida en un estado de agitación, con el rostro surcado por la confusión y la tensión de los últimos minutos, se quedó paralizada al escucharlo. Su expresión se co