Fedora fue a casa, Claudette le ayudó a cuidar a Lorraine, mientras ella iba a cambiarse, el doctor le indicó que pronto, tal vez en un día o máximo dos, su hija sería dada de alta.
Al llegar, observó a Bruce ahí, Fedora le miró con rabia.
—¡¿Tú que haces aquí?!
El hombre tenía una cara de póquer y una sonrisa perversa en sus labios.
—Siéntate, querida, es hora de hablar.
Fedora le miró con furia, odiaba su descaro.
—¡No tenemos nada de que hablar! He dicho que te vas de aquí —sentenció de