—¡Estoy un poco cansado, madre! Por favor, no me hagas caso.
Fedora miró a su hijo, tal como si mirara a un extraño.
—Solo quiero que estés bien, Kenneth.
—Debo ir a la isla, debo pagar unas deudas, tengo un capital invertido ahí, y no quiero perderlo.
—Pero, hijo, no lo necesitas, eres un Leeman.
—Quiero valerme por mí mismo, no por los demás.
Fedora asintió y tomó su mano
—Estoy orgullosa de ti, hijo. Estoy feliz de que te hayas casado con Amy, ella te hará muy feliz.
—¿Y por qué no pensaste a