—No todas las tormentas me dan miedo, solo algunas. Cuando eso ocurre, es porque algo malo va a pasar en mi familia…— admitió Lilly en un susurro temeroso y huidizo mientras se sentaba sobre el colchón de trapos que él usaba como cama.
Él podía ver con toda claridad como ella le rehuía a sus ojos después de haberle confesado aquello. Daba la impresión que esa era la primera vez en la que se había atrevido a admitir en voz alta que también tenía dones.
Brishen arqueó una ceja con más curiosidad