Ya era muy tarde en la madrugada y, aunque ya todo el mundo dormía, los ojos de Lilly se resistían a cerrarse. Daba vueltas en el camastro que compartía con su hijo pensando y repensando lo ocurrido horas antes en el bosque.
Nadie, ni siquiera su tía, se podía explicar cómo una mujer inexperta en la magia gitana como ella había logrado entrar en su forma animal al plano astral y atacar a ciegas de una forma letal a un brujo con basta experiencia. Aunque, decir nadie, quizás sería exagerar.
Li