Lawrence tragó saliva en seco. Debía reconocer que se sentía acorralado. A sus ojos, esa anécdota familiar era demasiado absurda y vergonzosa para contarla.
No obstante, los ojos de Joel, eran claros en sus intenciones. No quería, ¡Exigía!, que le contase aquella parte de su historia. De modo que tomó aire y se aventuró a responder.
—…Mi bato, contaba, pues, que se batió a duelo con un pretendiente de ella…— comenzó a explicar, notando como usaba muchas muletillas en ese esfuerzo—… Que es