(POV Kyler)
Había pasado una hora desde que llegué a casa de Connor y Maya. Me sentía extrañamente doméstico, con un delantal prestado de Connor sobre mi camiseta (que decía "El Rey de la Barbacoa", un toque de ironía que no pasó desapercibido) y las manos llenas de harina. Estaba intentando amasar unas galletas para Adrián y Gabriela, disfrutando de la paz que solo se siente cuando uno no tiene que estar escondiéndose de Bruno Ricci.
De repente, escuché el portazo de la entrada y unos tacones