(POV Kyler)
El rugido del motor del deportivo de Bruno alejándose por el camino de grava fue la música más dulce que escuché en toda la mañana. En cuanto el "dueño" de la fortaleza desapareció tras los pinos, el ambiente en la mansión pareció perder diez kilos de presión. Me asomé por el ventanal de la biblioteca, todavía con el formón en la mano, y vi la escena en el jardín trasero.
Aria estaba cerca de la piscina infinita, esa que parecía volcarse hacia el abismo de los Alpes. Llevaba un vest