(POV )
Cuatro años. Mil cuatrocientos sesenta días de despertarme antes del alba, de besar la estola y de ofrecer el sacrificio del altar a un Dios que a veces me respondía con el silencio absoluto de las montañas de la Toscana. Mi vida en el pueblo había sido tranquila, dedicada por completo a las almas de los campesinos, a las confesiones de pecados pequeños y al olor a cera de abeja. No había vuelto a tocar una sierra, ni había vuelto a mirar a otra mujer. Mi castidad no era solo un voto ecl