(POV Kyler)
El sol del día posterior a mis votos definitivos no trajo claridad, solo una luz cruda que desnudaba mi hipocresía. Llevaba la camisa clerical perfectamente planchada, el cuello romano apretándome la garganta como una soga, y el título de "Padre" resonando en cada saludo de los seminaristas menores. Pero por dentro, yo seguía siendo el carpintero que había dejado su sierra oxidarse.
Busqué a Aria por todo el internado con una desesperación que bordeaba la locura. La encontré cerca d