(POV Kyler)
El tiempo se detuvo. Desde que Aria cruzó la puerta de mi habitación el día anterior, dejando tras de sí un rastro de reproches y el eco de su risa amarga, el mundo se volvió un lugar incoloro. Pasé el resto de la tarde y toda la noche en una vigilia que se suponía de oración, pero que en realidad fue un descenso a los infiernos de mi propia conciencia. No la vi. Busqué su sombra en el refectorio, en el jardín, incluso cerca de la casita de aves que se mecía solitaria bajo el viento