(POV Kyler)
Caminábamos por el claustro principal mientras el sol terminaba de ocultarse, tiñendo las piedras de un rojo sangre que me resultaba inquietante. Liam caminaba a mi derecha, con su habitual aire de suficiencia, ajustándose los puños de la camisa como si estuviera a punto de entrar en un tribunal. A mi izquierda, Noah saltaba casi de alegría, contagiado por las noticias que el Padre Rodrigo había esparcido por todo el instituto.
—¡La Toscana, Kyler! —exclamó Noah, dándome una palmada